junio 21, 2009

Blanquita Montero

Contar la vida de una mujer o un hombre en reducidas palabras es una tarea que, si bien lleva su tiempo, es complicada en relación a que uno siempre se pregunta si lo que ha quedado escrito realmente representa cada una de sus memorias virtuosas. Por ello, me confieso una inexperta en el arte de retratar cual fotografía, las décadas de vida de las mujeres o los hombres que nos han dejado mucho de qué hablar, pero poco de cómo resumirlo.

Podría empezar por escribir acerca de su lugar y fecha de nacimiento, pero eso ya no importa, porque Blanquita Montero nació y vivió en el mundo que le correspondía y que, evidentemente no eligió, pero lo hizo con tal grandeza y sencillez, que hoy a sus casi tres años de fallecida se le recuerda con la misma alegría y la misma entrega con la que decidió enfrentar los pesares.

Maestra por vocación, nos continúa enseñando que la vida es linda por el simple hecho de ser nuestra. Siempre consideró que la educación y las Matemáticas conformaban el núcleo redentor del futuro de las personas, de ambas no puedes librarte en la vida, aunque lo intentes, y hay que aprenderlas con gusto, decía.

He aquí una de las fotografías más representativas en la antiquísima casa de sus padres en Magdalena Tequisistlán, Oaxaca. Lugar que le precisó un espacio para vivir su infancia, sus primeros años de adolescencia y que hoy la guardan en los confines de su tierra caliente.



Blanquita Montero en los brazos de su madre Valeriana Gross.

1 comentario:

  1. Y pss al final de cuentas creo que nos inmortalizamos en los recuerdos de los otros...

    Ya te agregué a mi blog y ahora podré seguir de cerca lo que escribas, qué gusto.

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