septiembre 21, 2011

Negro y blanco

Pienso que en el corazón se sitúa nuestro punctum. En el mío, por ejemplo, late el mar. Sobre la arena había escrito las historias de mi vida y él las ha borrado para desánimo de los chismosos. No obstante, sobresalen las experiencias punzantes, no tanto por dolorosas sino por significativas. Parto de ahí, de alguna costa del pacífico mexicano, ese es mi lugar de enunciación y es el espacio que he ido construyendo como mío.

Muchas veces la vida cotidiana constituye la inspiración necesaria para la construcción de nuevos formatos de representación de uno mismo y de los otros. Por ello me di a la tarea de proyectar en otro cuerpo el resultado de un simulacro etnográfico, casi condenado al fracaso, que tuvo la necesidad de liberarse a través de dibujos. La alusión de la desnudez en esta representación tuvo como punto de partida la idea de poseer al otro a través de la mirada. Creo que la no identificación, la no pertenencia a un grupo es también una manera de sentirse desnudo frente al mundo.

La morfología del cuerpo es un mapa, complicado de leer y de conocer si no se tiene la suficiente paciencia y, más aún, si no se pierden los prejuicios de la lectura convencional. Los signos están marcados en el cuerpo, esto obliga al lector a apropiárselos para decodificar el lenguaje de lo que no se dice pero que se ve, que se toca y se vive. No obstante, es la forma de mirar de algunos una representación de la herencia colonial que subyace en muchas de las interacciones no verbales. El hecho de sentirse observado genera un ambiente de incomodidad, pero también la falta de comunicación verbal agudiza la necesidad de incorporarse al espacio a través de la mimesis.

-¿Usted sabe cómo se baila eso?- le pregunté a aquella mujer afro-ecuatoriana sin la intención de incomodarla, sino más bien con la idea de romper el hielo. Ella me miró de reojo y por encima del hombro, bajó la cabeza mientras me enseñaba alguno de los pasos, después de eso no volvió a mirarme. Al fondo otra mujer afro, con un pañuelo amarrado en la cabeza, me clavaba los ojos, cuestionándome, desnudándome...


Hagámonos un cuerpo, que no sea blanco o negro sino de colores.

1 comentario:

  1. **

    Y nada, lo bueno es que la actividad estaba casi condenada al fracaso y me pareció interesante. Sobre todo este ritmo que hay en las imágenes, si tuviera un toque escucharía los tambores, por otro lado, al inicio, me gusta eso de “el lugar es mío”, casi siempre nos referimos a nuestros espacios como “yo soy de…”.

    “Y todos los siglos de colonialismo español que en balde te han hecho cobarde…” nos canta Silvio, y creo que además debemos agregar a la cobardía, un filtro para la forma en que vemos las cosas. Me pareció oportuna tu entrada, los porqués son irrelevantes.

    A propósito… yo soy verde.

    **
    *

    ResponderEliminar